sábado, 4 de junio de 2011

Kill Kalin (Parte 3)

El top 3 de los intentos de asesinato de Kalin se dió aquella vez en que descubrí un secreto terrible, como diría el chavo del ocho: sin querer queriendo.
Resulta que una ex novia de la universidad había vuelto a contactarme hacía poco, luego de un año de no tener comunicación alguna. Yo, que siempre la había conocido muy bien, noté de inmediato que tras su sorpresiva aparición y aparente alegría escondia algo.
Salimos un par de veces y a la segunda salida fuimos a comer algo y luego nos quedamos viendo una película en mi casa. Pero nos quedamos dormidos y cuando despertamos nos dimos cuenta que ya se había hecho de noche y ella tuvo que salir corriendo a su casa porque sus padres se molestarían mucho si llegaba tarde. Debido a la prisa olvidó su celular en mi casa, y recién nos dimos cuenta cuando llegamos a la suya. De inmediato entró en desesperación, se puso pálida y empezó nerviosamente a insistir en que yo regresara a mi casa a traer su celular en ese mismo instante. Yo andaba con sueño y era de noche, además al día siguiente tenía clases, asi que le propuse llevárselo al día siguiente a la universidad; pero para mi sorpresa ella siguió insistiendo. Su actitud me pareció extraña y cuando le pregunté cual era la urgencia, no me supo dar una respuesta convincente, asi que me negué tajantemente. Finalmente le prometí que se se lo entregaría antes de entrar a mis clases de las 7am. Por suerte estábamos en la misma universidad y aunque éramos de facultades distintas todas estaban reunidas en un mismo local, solo tendría que desplazarme un largo trecho caminando desde ingeniería hasta la sede de letras. Ella aceptó a regañandientes.

Al regresar a mi casa, de inmediato cogí el celular y este se encontraba en modo silencioso y habían varias llamadas perdidas. Aunque tenía curiosidad por saber porqué ella no quería que yo lo revisara, no lo hice; y no porque no quisiera sino porque no pude: si lo hubiera desbloqueado se habrían perdido los mensajes de alerta y ella sabría que lo revisé. Lo único que se me ocurrió pensar es que que ella tenía novio y no quería que yo me enterara. Pero durante la madrugada el celular vibró y me despertó, decidí entonces contestar y para mi sorpresa una voz de hombre preguntó por un nombre desconocido. Y no sólo eso, sino que dijo textualmente:
– Aló! ¿Diana? ¿como es el asunto?
Medio dormido le contesté:
– Equivocado
y colgué.

Me volví a dormir y no pensé en ello hasta varios días después. Cuando la volví a encontrar en la universidad a la hora del almuerzo. Yo estaba en una mesa solo y de inmediato se acercó a acompañarme con sus amigas. Nos saludamos y conversamos normalmente, luego sus amigas se fueron y ella se quedó conmigo pues yo siempre fui de comer muy lento. Mientras esperaba a que yo termine de comer, prendió su celular y se puso a revisar sus llamadas, de golpe entraron varios mensajes acumulados. Al cabo de unos minutos entró una llamada, y  durante una fracción de segundo noté que me había mirado de reojo: estaba nerviosa. Siempre me han dicho que soy perceptivo, y a veces me basta el más mínimo gesto para saber qué está sintiendo la otra persona. Ella contestó pero no habló, solo escuchó y sin que yo le preguntara anunció con tono de fastidio:
– Equivocado.
La miré por un instante tratando de intimidarla y le dije:
– Recibes varias llamadas equivocadas?
– Si, creo que es mi ex novio, que todavía me molesta.
Al cabo de unos minutos volvió a recibir otra llamada y esta vez decidió contestarla aparte, se alejó unos momentos y se fue a los jardines de la cafetería. Luego regresó con cara de haber hecho alguna travesura. Decidí en ese momento aclarar las cosas porque era obvio que algo ocultaba, y tras hacerle un par de preguntas no me quedó ninguna duda: mentía. Ahora sí estaba seguro que ella tenía un novio.
Más tarde  algo me haría sospechar algo más grave aún: la última vez que nos vimos ella me comentó que necesitaba dinero urgente para pagar la pensión de la universidad y que estaba pensando cambiarse de empleo porque le pagaban muy poco en el que tenía. Sin embargo, ahora apenas 4 días después me enseñaba orgullosa y feliz su nuevo MP4, el cual según me dijo lo había comprado con un dinero que le debían. No lo quise creer, pero habían pocas explicaciones para su repentina bonanza: atando cabos, deduje que estaba sangrando a algún incauto o estaba prostituyéndose. Me incliné por la segunda alternativa y me propuse averiguarlo.

Al día siguiente la invité a cenar a un sitio romántico y elegante en miraflores como para ir ablandando su posible resistencia. Fingí que todo estaba muy bien, luego de la cena recibió otra de las llamadas misteriosas y esta vez también se alejó para contestar. Así que luego se su llamada, le propuse caminar por el malecón y le dije que necesitaba hablar con ella. Fue así que estuvimos largo rato caminando al borde de los acantilados de la costa. Luego de un tiempo nos sentamos uno junto al otro sobre el pequeño muro que separa el malecón del precipicio de rocas y plantas trepadoras que da hacia el mar limeño. Estuvimos disfrutando la vista en silencio, hasta que decidí que el momento había llegado:
– Ya sé lo que estas haciendo...
ella se quedó en silencio unos instantes que me parecieron una eternidad, pero finalmente respondió:
– ¿Qué?
– ¿Adónde crees que te va a llevar eso? ¿sabes realmente en lo que te estás metiendo? ¿cómo has podido hacerlo? ... ya sé que estas trabajando de ... eso.
– ¿De qué?
– De eso pues no te hagas... de prostituta
– ¿Queeee?
No dijo más, no me miró, no me gritó, no me insultó, solo se quedó en silencio mirando al vacío negro de la noche sobre el mar frente a nosotros. Luego se levantó y trató de alejarse hacia el parque que estaba detrás. Yo me volteé sentándome de espaldas al precipicio y la seguí con la mirada. Como un rayo, de pronto ella se abalanzó sobre mí gritando:
– ¡¿Qué has estado haciendo Kalin?! ¡dime en este momento qué has estado haciendo sino te mato ahora mismo! ¡¿porqué dices eso?! ¡dime!
En realidad yo no estaba seguro de nada hasta ese momento, pero fue justamente esa reacción la que me lo confirmó todo, en lugar de ofenderse por lo que le había dicho, ella solo me preguntaba porque. No me dió tiempo a reaccionar (siempre he sufrido de motricidad lenta además) así que no pude esquivarla ni ponerme a salvo, me cogió del cuello de la casaca tratando de ahorcarme y apenas pude sostenerme con las manos del pequeño muro mientras sentía todo su peso empujándome hacia el barranco. Traté de explicarle que si no me soltaba ambos nos iríamos rodando cuesta abajo, como en el tango de Gardel, pero no le importó. Estaba como poseída por un odio sobrenatural. Luchamos por varios minutos hasta que ella misma se cansó y dejó de decir que no le importaba morir, cuando sintió que realmente ambos caeríamos al vacío, así que empezó a pedirme tardíamente que me levantara y nos salvara a los dos. Yo sentía que las fuerzas me abandonaban y mis manos se resbalaban del muro y que mi cabeza rozaba las hojas de las primeras trepadoras tras de mí. Recién cuando ella me soltó del cuello y se dejó caer sobre mí, pude reincorporarnos lentamente. Sudando frío, nunca en mi vida agradecí más como entonces los abdominales que me hacían practicar a diario en el gimnasio. Me quedé en silencio recuperándome del susto, y sin saber si estaba en shock por el peligro salvado o por haber descubierto la terrible noticia. Ella me quedó mirando y me agradeció por "haberle salvado la vida". Yo me sonreí, diciéndole que en realidad la salvé de ella misma pero no quise decirle que solo pensaba en mí en ese momento.

A continuación la llevé a su casa pero en el camino le pidió al taxista que nos llevara a un parque cercano de su distrito, donde, quería seguir interrogándome para descubrir cuánto sabía yo realmente de sus actividades. Le inventé una historia de hackers informáticos y amigos que la habían estado siguiendo para salir del paso y obligarla a decir la verdad. Pero no quiso decir nada, al menos no esa noche.

Dos días después se apareció en mi puerta aparentemente sin ninguna razón. Primero dijo que quería estudiar, luego que tenía hambre y quería cenar, cenamos y finalmente quiso que la abrigara porque tenia frío. Le puse un edredón encima y ella pidió que me metiera con ella a la cama. Allí escondidos debajo de aquel edredón como para que nadie más escuchara un secreto tan terrible, mientras ella tapaba y destapaba nerviosamente un plumón resaltador, empezó a contarme una de las historias más increíbles que haya escuchado en mi vida:
– Kalin, soy prostituta...

4 comentarios:

  1. Yo también. Já! mentira!
    Que interensate, pero creo que siempre te tocan ese tipo de chicas verdad Kali?

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  2. pues si, si te refieres al tipo de chicas medio locas... no a las prostis... ojo, solo para evitar malos entendidos ;)

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  3. ufff!!!! que noticia y sin querer queriendo jajajajaja!!!!!... sabes que es la parte más bonita de tus relatos?, es que te vamos conociendo .... y es facil entender el porque de que las chicas te buscan...y es que no es fácil encontrar a alguien que te escuche y no te juzgue, simplemente eso.... como siempre ...excelente aportación

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  4. Ya entiendo el xq Kali siempre le tocan chicas tan raras sino ya me extrañaba?

    Si es que entre si se entienden!

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