Rodrigo: 5 años de edad, sentado a la mesa junto a toda la familia, de pronto alza la voz interrumpiendo la alegre conversación de los adultos, y pregunta con tono solemne:
- ¿Ustedes saben qué es LA MUERTE?
De pronto todos nos miramos atónitos las caras pensando cómo responderle. Y luego de un corto pero paradojicamente interminable momento de tensión, él mismo se responde:
- La muerte es cuando algo es GRACIOSO... eres la muerte!
Y sonrió tan alegremente que todos estallamos en risas liberando nuestra preocupación.
Gracioso es ver cómo con los años el conocimiento de los adultos crece en detrimento de nuestra inteligencia... y los niños lo saben muy bien... xD literalmente juegan con nosotros.
Gracias pequeño gran amigo.
Uno de los primeros blogs donde recopilo historias de mis diferentes diarios, pueden ser alegres o tristes, graciosas o monótonas, simples o increíbles, juzguenlo Uds. Al final siempre trataré de hacer que muestren un poco de optimismo en el difícil arte de enfrentar la vida sonriéndole a quienes nos rodean.
domingo, 22 de septiembre de 2013
domingo, 10 de marzo de 2013
Pa' pavo yo...
El otro dìa estaba almorzando en la playa con una amiga y luego de que terminamos, decidimos irnos porque ya era tarde y hacía frío. Al momento de pagar, el mozo, a quien yo conocía desde hacía varios años, se demoró más de lo normal, asì que cuando por fin apareció, al momento de pagarle le dije sonriendo:
- Ya nos íbamos a escapar!
A mi siempre me pareció un tipo muy correcto y amable. Hacía años que atendía los negocios de venta de comida que su madre tenía en el pueblo. Y como todos los años voy siempre a veranear a ese balneario, ambos nos conocíamos de vista pero jamás habíamos conversado más de lo necesario.
Cuando le extendí el billete y mientras lo revisaba minuciosamente, yo le pregunté:
- ¿Está bien?
Y su respuesta me dejó atónito por un momento:
- Sí está bueno, está bueno como tú...
No sé si sería por efecto de algunos tragos que el chico traía encima que se animó a decirme aquella barbaridad que sin embargo me hizo reir mucho, o porque ese día se había levantado particularmente sexy. Debo mencionar que yo sabía muy bien que el era gay, pero jamás se me pasó por la cabeza que alguna vez me diría algo así.
Le conté lo sucedido a mi amiga y ella también estalló en risa y hasta empezó a animarlo al mozo con la siguiente frase:
- Pero con él tienes que ser mandado porque es bien tímido ah?
Aquella frase me dejó pensando varios días y originó un nuevo recuento de mis experiencias de timidez a lo largo de la historia de Kalinixenko. Porque la verdad es que sí, lamentablemente debo reconocer que mi amiga tenía razón. Al menos para las cuestiones de mujeres siempre he sido muy tímido. La mayoría de las veces fueron ellas las que tuvieron que dar el primer paso al ver que yo nunca me animaría a declararme o a intentar algo más allá de lo que dicta la amistad.
Creo que todo se originó cuando apenas estaba en el colegio: una amiga me quiso presentar a una chica a la que supuestamente yo le gustaba, pero en el momento de la presentación, recuerdo que todo iba muy bien hasta que mi amiga casi me obligó a darle un beso en la mejilla a la susodicha. De inmediato entré en pánico y no se me ocurrió mejor idea que salir corriendo de allí. Obviamente la niña nunca más volvió a hablarme y durante todo el resto de mi secundaria, (y tranquilamente podría decir de mi vida), lamenté aquel incidente, mucho más aún cuando ella, año tras año se iba poniendo más y más hermosa creciendo por todos lados, al punto que traía locos a todos mis compañeros. Ironías de la vida. Creo que ese momento marcó mi sendero de timidez y de pesares para aquellas mujeres que tuvieron que tomar acciòn ante mi inacción el plano amoroso.
Así la primera de las chicas con carácter que se cruzaron por mi vida fue Eva, a la cual me cruzaba en el bus casi todos los días que volvía a casa desde la universidad. Varias veces habíamos cruzado miradas y era obvio que ambos nos gustábamos. Pero yo jamàs me iba a atrever a decirle algo. Resignada, la pobre tuvo que pràcticamente cantarme al oído un día que nos tocó estar parados uno junto al otro en el bus. Así que, casi obligado, más por corresponderle que por valentía, me animé y le escribí una carta que se la entregué antes de bajar en el paradero, diciéndole:
- Disculpa creo que se te ha caído esto...
Ella la recibió mirándome con sus enormes ojos redondos, los cuales parecían estar más asustados que los míos. Pero al día siguiente la volví a ver y ella me agradeció el gesto y por fin pude disfrutar de mi primer largo y glorioso romance.
Tiempo después, en la piscina del club, a la que iba a nadar tres veces por semana, solía cruzarme con dos chicas, de las cuales una me atraía sobremanera y nunca me animé a hablarles debido a ello. Fueron ellas las que tuvieron que empezar a hacerme bromas desde lejos, para que yo al menos sonriera y por fin me acercara a ellas. Me dijeron que hasta pensaban que yo era gay porque ni siquiera les mandaba una mirada lasciva. Bueno, eso creían ellas...
Mi primera novia "oficial" en la universidad, con quien pasaba horas interminables hablando por teléfono para horror de mi madre y mi bolsillo, tuvo que repetirme decenas de veces "te quiero" hasta quedar sin saliva, como me lo recordaba siempre, para poder convencerme de que en realidad yo le gustaba más que como amigo. Y luego de la primera vez que nos vimos en persona, tuvo que preguntarme si no le iba a dar un beso de despedida... yo ya andaba varios pasos lejos de su puerta y tuve que regresar totalmente avergonzado pero derramando felicidad pura... era tan hermosa...
Mi segunda novia se reía recordándome en todas las reuniones sociales, de que tuvo que darme hasta la dirección de su casa para que yo fuera a conocerla en persona, pero yo nunca me animé. Tuvimos que conocernos en un lugar "neutral" al ver que yo no me animaría nunca a aparecerme en su casa.
Una noche de tragos, la prima de mi mejor amiga, estuvo a punto de ultrajarme para que yo respondiera a sus insinuaciones. Y no es que yo no quisiera sino que me daba vergüenza hacerle el amor mientras otra de nuestras amigas dormía plácidamente a nuestro costado. Años después descubriría que la dormida nunca estuvo dormida por completo. Por el contrario escuchó y vio todo lo que pasó aquella noche, y para colmo fue a contárselo a mi mejor amiga. Perdí una amiga pero la prima valía mucho la pena.
Estando en el instituto de idiomas recuerdo que tenía una novia que estaba aún en el último año de colegio. Yo entonces ya estaba en la universidad pero la quería bastante y por ello no traté de propasarme (mucho) con ella. Pero ella tenía una amiga que era muy coqueta y siempre me pedía que la acompañase a su casa. Por desgracia mi novia vivía al norte y su amiga y yo vivíamos al sur de la ciudad, así que empezamos a regresar juntos en el mismo bus. Yo no me di cuenta de sus intenciones, o como siempre no lo creí al menos al principio, pero ella buscaba quitarle el novio a su amiga, no tanto por maldad como por vanidad. Para cuando me dí cuenta ya ella estaba rozándome más de la cuenta en los viajes pero por suerte el mes de clases había terminado. Al mes siguiente por si acaso me cambié de horario porque sabía que más temprano que tarde sacaría los pies del plato.
En un viaje a la provincia, una chica algo traviesa a la que acababa de conocer, desesperada porque después de pasarse el día entero mostrándome su ciudad, yo no me animaba aún a mostrarle mi afecto, tuvo la genial idea idea de llevarme a un mirador, en la cima de una montaña para lograr por fin que yo accediera a sus encantos y aplacara sus fuegos internos. Esa sensación extraña de estar en la cima de una montaña donde no sólo te sientes el rey del mundo sino también lo que es la libertad total... pocos lugares pueden arrugarte así el alma... y hacerte humilde de verdad... esa sensación nunca se olvida... lo que sucedió con la chica es ya sólo una anécdota de felicidad continuada.
Pero sin duda la más original de todas fue una antigua compañera de trabajo: Karen, tan linda como inteligente y ocurrente. Ella me conoció cuando yo aún andaba con una novia, que me traía maltrecho. Ambas se conocían además, puesto que yo llevaba a mi novia siempre a mis reuniones con los compañeros de trabajo. Pero un buen día, Karen me escribió un email donde mi nombre decía "Kalin" y mi apellido decía "Why don't you come over" y en el mensaje de la carta además de las acostumbradas bromas de siempre que nos hacíamos entre colegas y como excelentes amigos que éramos, me puso una nota al final:
"Kalin, ¿porqué siempre tienes que traer a tu FUTURA EX a nuestras reuniones?"
Simplemente genial.
- Ya nos íbamos a escapar!
A mi siempre me pareció un tipo muy correcto y amable. Hacía años que atendía los negocios de venta de comida que su madre tenía en el pueblo. Y como todos los años voy siempre a veranear a ese balneario, ambos nos conocíamos de vista pero jamás habíamos conversado más de lo necesario.
Cuando le extendí el billete y mientras lo revisaba minuciosamente, yo le pregunté:
- ¿Está bien?
Y su respuesta me dejó atónito por un momento:
- Sí está bueno, está bueno como tú...
No sé si sería por efecto de algunos tragos que el chico traía encima que se animó a decirme aquella barbaridad que sin embargo me hizo reir mucho, o porque ese día se había levantado particularmente sexy. Debo mencionar que yo sabía muy bien que el era gay, pero jamás se me pasó por la cabeza que alguna vez me diría algo así.
Le conté lo sucedido a mi amiga y ella también estalló en risa y hasta empezó a animarlo al mozo con la siguiente frase:
- Pero con él tienes que ser mandado porque es bien tímido ah?
Aquella frase me dejó pensando varios días y originó un nuevo recuento de mis experiencias de timidez a lo largo de la historia de Kalinixenko. Porque la verdad es que sí, lamentablemente debo reconocer que mi amiga tenía razón. Al menos para las cuestiones de mujeres siempre he sido muy tímido. La mayoría de las veces fueron ellas las que tuvieron que dar el primer paso al ver que yo nunca me animaría a declararme o a intentar algo más allá de lo que dicta la amistad.
Creo que todo se originó cuando apenas estaba en el colegio: una amiga me quiso presentar a una chica a la que supuestamente yo le gustaba, pero en el momento de la presentación, recuerdo que todo iba muy bien hasta que mi amiga casi me obligó a darle un beso en la mejilla a la susodicha. De inmediato entré en pánico y no se me ocurrió mejor idea que salir corriendo de allí. Obviamente la niña nunca más volvió a hablarme y durante todo el resto de mi secundaria, (y tranquilamente podría decir de mi vida), lamenté aquel incidente, mucho más aún cuando ella, año tras año se iba poniendo más y más hermosa creciendo por todos lados, al punto que traía locos a todos mis compañeros. Ironías de la vida. Creo que ese momento marcó mi sendero de timidez y de pesares para aquellas mujeres que tuvieron que tomar acciòn ante mi inacción el plano amoroso.
Así la primera de las chicas con carácter que se cruzaron por mi vida fue Eva, a la cual me cruzaba en el bus casi todos los días que volvía a casa desde la universidad. Varias veces habíamos cruzado miradas y era obvio que ambos nos gustábamos. Pero yo jamàs me iba a atrever a decirle algo. Resignada, la pobre tuvo que pràcticamente cantarme al oído un día que nos tocó estar parados uno junto al otro en el bus. Así que, casi obligado, más por corresponderle que por valentía, me animé y le escribí una carta que se la entregué antes de bajar en el paradero, diciéndole:
- Disculpa creo que se te ha caído esto...
Ella la recibió mirándome con sus enormes ojos redondos, los cuales parecían estar más asustados que los míos. Pero al día siguiente la volví a ver y ella me agradeció el gesto y por fin pude disfrutar de mi primer largo y glorioso romance.
Tiempo después, en la piscina del club, a la que iba a nadar tres veces por semana, solía cruzarme con dos chicas, de las cuales una me atraía sobremanera y nunca me animé a hablarles debido a ello. Fueron ellas las que tuvieron que empezar a hacerme bromas desde lejos, para que yo al menos sonriera y por fin me acercara a ellas. Me dijeron que hasta pensaban que yo era gay porque ni siquiera les mandaba una mirada lasciva. Bueno, eso creían ellas...
Mi primera novia "oficial" en la universidad, con quien pasaba horas interminables hablando por teléfono para horror de mi madre y mi bolsillo, tuvo que repetirme decenas de veces "te quiero" hasta quedar sin saliva, como me lo recordaba siempre, para poder convencerme de que en realidad yo le gustaba más que como amigo. Y luego de la primera vez que nos vimos en persona, tuvo que preguntarme si no le iba a dar un beso de despedida... yo ya andaba varios pasos lejos de su puerta y tuve que regresar totalmente avergonzado pero derramando felicidad pura... era tan hermosa...
Mi segunda novia se reía recordándome en todas las reuniones sociales, de que tuvo que darme hasta la dirección de su casa para que yo fuera a conocerla en persona, pero yo nunca me animé. Tuvimos que conocernos en un lugar "neutral" al ver que yo no me animaría nunca a aparecerme en su casa.
Una noche de tragos, la prima de mi mejor amiga, estuvo a punto de ultrajarme para que yo respondiera a sus insinuaciones. Y no es que yo no quisiera sino que me daba vergüenza hacerle el amor mientras otra de nuestras amigas dormía plácidamente a nuestro costado. Años después descubriría que la dormida nunca estuvo dormida por completo. Por el contrario escuchó y vio todo lo que pasó aquella noche, y para colmo fue a contárselo a mi mejor amiga. Perdí una amiga pero la prima valía mucho la pena.
Estando en el instituto de idiomas recuerdo que tenía una novia que estaba aún en el último año de colegio. Yo entonces ya estaba en la universidad pero la quería bastante y por ello no traté de propasarme (mucho) con ella. Pero ella tenía una amiga que era muy coqueta y siempre me pedía que la acompañase a su casa. Por desgracia mi novia vivía al norte y su amiga y yo vivíamos al sur de la ciudad, así que empezamos a regresar juntos en el mismo bus. Yo no me di cuenta de sus intenciones, o como siempre no lo creí al menos al principio, pero ella buscaba quitarle el novio a su amiga, no tanto por maldad como por vanidad. Para cuando me dí cuenta ya ella estaba rozándome más de la cuenta en los viajes pero por suerte el mes de clases había terminado. Al mes siguiente por si acaso me cambié de horario porque sabía que más temprano que tarde sacaría los pies del plato.
En un viaje a la provincia, una chica algo traviesa a la que acababa de conocer, desesperada porque después de pasarse el día entero mostrándome su ciudad, yo no me animaba aún a mostrarle mi afecto, tuvo la genial idea idea de llevarme a un mirador, en la cima de una montaña para lograr por fin que yo accediera a sus encantos y aplacara sus fuegos internos. Esa sensación extraña de estar en la cima de una montaña donde no sólo te sientes el rey del mundo sino también lo que es la libertad total... pocos lugares pueden arrugarte así el alma... y hacerte humilde de verdad... esa sensación nunca se olvida... lo que sucedió con la chica es ya sólo una anécdota de felicidad continuada.
Pero sin duda la más original de todas fue una antigua compañera de trabajo: Karen, tan linda como inteligente y ocurrente. Ella me conoció cuando yo aún andaba con una novia, que me traía maltrecho. Ambas se conocían además, puesto que yo llevaba a mi novia siempre a mis reuniones con los compañeros de trabajo. Pero un buen día, Karen me escribió un email donde mi nombre decía "Kalin" y mi apellido decía "Why don't you come over" y en el mensaje de la carta además de las acostumbradas bromas de siempre que nos hacíamos entre colegas y como excelentes amigos que éramos, me puso una nota al final:
"Kalin, ¿porqué siempre tienes que traer a tu FUTURA EX a nuestras reuniones?"
Simplemente genial.
sábado, 9 de marzo de 2013
Sábado
Estaba seguro que era Viernes
creo que ando por las nubes.
No vaya a ser que hoy me acueste,
me despierte, y sea Lunes!
Nunca pierdo nada propio
ni siquiera los papeles,
hoy en cambio he olvidado
billetera, lentes y calzones
No sé qué es lo que me pasa
siempre fui muy ubicado
en la calle no tropiezo,
ni siquiera en el Mercado
Yo que siempre me burlaba
de los dichos de la abuela:
No es que seas despistado,
Solo estás enamorado.
creo que ando por las nubes.
No vaya a ser que hoy me acueste,
me despierte, y sea Lunes!
Nunca pierdo nada propio
ni siquiera los papeles,
hoy en cambio he olvidado
billetera, lentes y calzones
No sé qué es lo que me pasa
siempre fui muy ubicado
en la calle no tropiezo,
ni siquiera en el Mercado
Yo que siempre me burlaba
de los dichos de la abuela:
No es que seas despistado,
Solo estás enamorado.
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